miércoles, 18 de noviembre de 2009
...y que
No me gusta el sonido del agua cuando cae en la taza y se mezcla con el té, los lugares llenos de gente y ese murmullo inquieto que oculta cosas que no sé qué son, el humo de cigarros en mi cara que entra por mis ojos y mis narices. No me gustan los días nublados, me deprimen, los lluviosos tal vez, si, pero no nublados, no se ve ni el sol. No me gusta el verano en la playa de Viña, hediondo a testosterona y ego y cuerpos sudorosos sexys. No me gusta soñar que me caigo y estremecerme en mi cama. No me gusta la obviedad de las películas de acción estadounidenses de hombres inmortales que terminan con una "mujer ideal" y mientras se besan todos en la calle aplauden y se sacan los sombreros. Qué estupidez. No me gusta sentir vergüenza ajena, me da pena por la persona. No me gusta encender el mp3 y darme cuenta de que no tiene carga. Detesto la galantería de los jóvenes de hoy, tan guapetones con sus lentes de sol y sus celulares en alto reventando r-e-g-g-a-e-t-ó-n. Pero más me produce repudio el hecho de que sean avalados por la Tv y por la mismísima gente. Qué estupidez.
martes, 17 de noviembre de 2009
Sámuel, yo digo que...
Me gustan las nubes esponjosas después de la lluvia, que relucen con el sol. Me gusta la vibración en la güata del bajo o de la batería, tirarme para atrás en los columpios y creer que el cielo se da vuelta y cae y se mueve, caos. Me gusta cuando por un minuto el pelotón de personas salta y grita groserías por felicidad, el maní confitado, leche con plátano, frutillas con bastante azúcar, el pan frito, el jugo natural de naranja, los mimos y malabaristas con zapatos gigantes. Me gusta encontrar en la radio o en la tele algo que yo conozco, una canción o película, y sentir el hormigeo en el estómago. Me gustan los ojos claros y redondos. Me gustan los abrazos de verdad, me gusta la gente que cuando saluda apreta la mano con fuerza y sin duda, y los gestos desinteresados. Me gustan los perros de la calle, que duermen libres en las plazas y confian ciegamente en uno, y se acuestan a tus piés a dormir, y les puedes hacer cariño. Me gusta como caminan las palomas, y como conversan. Me gusta el acordeón, y el metalófono, y los sonidos raros del teclado. Me gusta levantar las cejas y hacer que los demás lo intenten (y no puedan). Me gusta reventar los globitos de las bolsas plásticas (igual que a Joseph). Me gustan los peinados clásicos, y las películas de Chaplin. Me gustan los dulces Media Hora y las galletas Palmeritas. Me gusta el pan con huevo-mayo del tío del kiosko. Me gusta inflar y desinflar las cajas de jugo. Y me gusta apretar a los gatos con cariño.
lunes, 16 de noviembre de 2009
El Arrepentido
Y ahora quieres volver atrás
Dices que no puedes respirar
Ya es tarde, amigo
Tendrás que aguantar
Rompiste los canales de entre los humanos
Cantaste a la paz y avivaste el hambre
Podaste el jardín indiscriminadamente
Y la tierra seca la mueren inocentes
Reventaste los corazones y tu brillo reluce en tus dientes
Exitoso
Quebraste la confianza entre las masas
Cerraste puertas y ventanas de las casas
Ego gentil que como romano impone su pureza
Varonil, guapo, i-rrespetuoso, tan hombre, tan choro
Tan espectacularmente bueno y es un gatito
Asesino
Me mataste a mí, fíjate, con tus suaves manos
y toscas palabras y gestos y miradas y acusaciones
Y tú, tan hermosamente impune, feliz en tu corazón
Corazón, corona, corteza dura de árbol gigante
Corona que te corona en la loma alta de los que viven
Y sobre las piedras escribiste: "Mi mamá me quiere"
Rompiste tus cadenas de tu libertad
Y con las mismas amarraste a los demás
¿Y ahora quieres volver atrás?
¿Que ya no puedes respirar?
Ya es tarde, amigo
Tendrás que aguantar.
Dices que no puedes respirar
Ya es tarde, amigo
Tendrás que aguantar
Rompiste los canales de entre los humanos
Cantaste a la paz y avivaste el hambre
Podaste el jardín indiscriminadamente
Y la tierra seca la mueren inocentes
Reventaste los corazones y tu brillo reluce en tus dientes
Exitoso
Quebraste la confianza entre las masas
Cerraste puertas y ventanas de las casas
Ego gentil que como romano impone su pureza
Varonil, guapo, i-rrespetuoso, tan hombre, tan choro
Tan espectacularmente bueno y es un gatito
Asesino
Me mataste a mí, fíjate, con tus suaves manos
y toscas palabras y gestos y miradas y acusaciones
Y tú, tan hermosamente impune, feliz en tu corazón
Corazón, corona, corteza dura de árbol gigante
Corona que te corona en la loma alta de los que viven
Y sobre las piedras escribiste: "Mi mamá me quiere"
Rompiste tus cadenas de tu libertad
Y con las mismas amarraste a los demás
¿Y ahora quieres volver atrás?
¿Que ya no puedes respirar?
Ya es tarde, amigo
Tendrás que aguantar.
sábado, 14 de noviembre de 2009
Las Malvadas
Otro de los sueños que aún recuerdo. Nunca me han gustado las monjas.
Por el patio venian, iban a entrar por la cocina. Era la casa de mi abuela, la antigua casa. Corrí asustado gritando -¡Las monjas! ¡las monjas!- Y me refugié bajo la mesa del comedor. El ambiente era verde, como las paredes. Estaban mis tres primos y mi hermana, y toda mi familia. Bajo la mesa lograba ver los cubiertos piés de las monjas. Eran más de 10, de seguro, que entraron solemnemente caminando hasta la habitación de mi abuela.
En la casa nadie se inmutaba, era como si todos hubiesen estado esperando la visita de estas religiosas. Estaban todos y todas en la habitación, verde. Entré asustado y desesperado, y las vi a todas sentadas al rededor, en sillas, en silencio, como si estuviesen rezando. Me acerqué cuidadosamente a una de ellas; bajo el velo aparecía un oscuro "rostro", sin ojos, ni nariz, ni boca, sin rostro. Recuerdo a una monja que se recostó sobre la cama, y luego a mis primos y hermana recostándose a su lado, cariñosamente. -¡No! ¡Las monjas son malas! ¡Son malvadas!- exclamé. -No son malas, Joseph. Ven.- me respondió alguién que no recuerdo. -¡Las monjas son malas! ¡Bájense de la cama, chiquillos!-
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Ven a mi Nube
-¡Oye!
-¡¿Qué?!
-¡¿Quién eres?!
-¡No sé!
-¡Y ¿qué haces allá arriba?!
-¡Éste es mi mundo!
-¡¿Cómo lo lograste?!
-¡Soy yo! ¡¿Quieres venir?!
-¡Me encantaría!
-¡Sube!
-Pero ¡¿Cómo?!
-¡Con tu nube!
-¡¿Nube?! ¡No tengo una! ¡¿Dónde conseguiste la tuya?!
-¡Soy yo!
-¡No entiendo! ¡Cuéntame más!
-¡Mi nube es mi mundo real, donde lo mío es tuyo y lo tuyo, si quieres, mío. Donde puedes conversar con el viento y sus caminantes, te acercas al sol y juegas con él, te ríes de los asteroides, y corres sin frontera alguna! ¡Aquí eres libre de verdad. Aquí no importa la distancia, porque puedes llegar a donde quieras en un santiamén! ¡Aquí tu cabeza vuela entre las estrellas y la profundidad del océano, esquivando las piedras y las mallas! ¡Es mi mundo pequeño, donde vivo solo, por desgracia! ¡Por eso, sube!
-¡Pero no tengo nube!
-¡Búscala! ¡Siempre la has tenido, sólo debes usarla!
-¡Y ¿dónde la busco?!
-¡Tú sabrás!
-¡Y mi nube ¿será tan perfecta como la tuya?!
-¡¿Perfecta la mía?! ¡Para nada! ¡Qué ganas de que sea perfecta! ¡A veces pienso que es una máscara, o que se me olvida cerrar bien la puerta por dentro. Porque a veces encuentro cosas que no me pertenecen, o no las quiero!
-¡¿Qué cosas?!
-¡Tus cosas!
-¡No me culpes! Maldito hipócrita…
-¡Sólo sé que no quiero dejar entrar esas cosas en mi mundo!
-¡Está bien, pues! Que tipo más loco…
-¡Pero no quiero vivir solo! ¡Acompáñame!
-Eeeh… ¡No puedo! ¡Tengo que apagar la luz!
-¡Nooo! ¡No la apagues! ¡Es lo peor!
-¡Pero no es mi decisión, lo siento! ¡Sólo soy un muñeco!
-¡Sólo dime que buscarás tu nube!
-Ufff… ¡Lo haré!
-¡Okey! ¡Adiós!
-¡Chao!...
-Solo de nuevo.
-¡¿Qué?!
-¡¿Quién eres?!
-¡No sé!
-¡Y ¿qué haces allá arriba?!
-¡Éste es mi mundo!
-¡¿Cómo lo lograste?!
-¡Soy yo! ¡¿Quieres venir?!
-¡Me encantaría!
-¡Sube!
-Pero ¡¿Cómo?!
-¡Con tu nube!
-¡¿Nube?! ¡No tengo una! ¡¿Dónde conseguiste la tuya?!
-¡Soy yo!
-¡No entiendo! ¡Cuéntame más!
-¡Mi nube es mi mundo real, donde lo mío es tuyo y lo tuyo, si quieres, mío. Donde puedes conversar con el viento y sus caminantes, te acercas al sol y juegas con él, te ríes de los asteroides, y corres sin frontera alguna! ¡Aquí eres libre de verdad. Aquí no importa la distancia, porque puedes llegar a donde quieras en un santiamén! ¡Aquí tu cabeza vuela entre las estrellas y la profundidad del océano, esquivando las piedras y las mallas! ¡Es mi mundo pequeño, donde vivo solo, por desgracia! ¡Por eso, sube!
-¡Pero no tengo nube!
-¡Búscala! ¡Siempre la has tenido, sólo debes usarla!
-¡Y ¿dónde la busco?!
-¡Tú sabrás!
-¡Y mi nube ¿será tan perfecta como la tuya?!
-¡¿Perfecta la mía?! ¡Para nada! ¡Qué ganas de que sea perfecta! ¡A veces pienso que es una máscara, o que se me olvida cerrar bien la puerta por dentro. Porque a veces encuentro cosas que no me pertenecen, o no las quiero!
-¡¿Qué cosas?!
-¡Tus cosas!
-¡No me culpes! Maldito hipócrita…
-¡Sólo sé que no quiero dejar entrar esas cosas en mi mundo!
-¡Está bien, pues! Que tipo más loco…
-¡Pero no quiero vivir solo! ¡Acompáñame!
-Eeeh… ¡No puedo! ¡Tengo que apagar la luz!
-¡Nooo! ¡No la apagues! ¡Es lo peor!
-¡Pero no es mi decisión, lo siento! ¡Sólo soy un muñeco!
-¡Sólo dime que buscarás tu nube!
-Ufff… ¡Lo haré!
-¡Okey! ¡Adiós!
-¡Chao!...
-Solo de nuevo.
sábado, 7 de noviembre de 2009
La Vieja Puerta Blanca
Sueño que tuve hace varios años atrás, uno de los pocos que recuerdo con
exactitud. No sé si clasificarlo como "de miedo" o sólo como "un sueño".
Caminaba de noche por la calle de arriba, hacia la casa de mi abuela, pero no iba para allá. La casa de ella estaba iluminada, se veía el verde reluciente de las paredes, y la blanca puerta de madera vieja. Por esa vieja puerta cerrada se asomó el rostro de mi mamá, como en blanco y negro, como de una vieja película, moviéndose extrañamente. La puerta aún seguía cerrada, y mi mamá aún seguía ahí, llamándome -¡Entrate! ¡Ven!- Yo solamente miraba, y caminaba a paso lento. Una segunda persona se asomó por la puerta cerrada, creo que fue mi hermana, o mi tía, tal vez. Eran los dos rostros asomados por la vieja puerta blanca, un rostro sobre otro, como en los dibujos animados. -¡Entrate! ¡Ven!-. Yo solo caminaba por la calle, y me desvié por un pasaje en bajada, alejándome de la casa verde. Al fondo se veía un enorme bosque oscuro, en donde, en realidad, solo hay un cerro. Por el montón de árboles grandes y frondosos aparecieron dos niños caminando, saliendo del bosque. Un paraguas se erguía entre ellos, los dos tomados de él, caminaban bajando por el cerro. Detenido los observaba, volví la mirada a la vieja puerta blanca y mi mamá aún seguía ahí, y volví a mirar a los niños, a los niños con el paraguas.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Presentación
Bonsoir madame, bonsoir monsieur
Me vengo a presentar hoy, aquí, ante ustedes, desconocidos
Esperando conquistar sus corazones desvalidos
Que buscan la paz en versos de niños atrevidos
-
Para comenzar, les advierto, soy feo y sin pretexto
Vengo de las espinillas volcanosas y de las cañuelas temblorosas
Y de la locura voluntaria y desde el fondo de la fosa
Soy como una mezcla de ser humano con serpiente
Con morsa, con manco, con ciego
Soy pájaro que silba en una nube, parado
Con un lápiz en la mano
Soy un bicho, insignificante, pero vivo
Soy el no del enfadado y el sí para el agrado
Soy la botella llena, que espera a ser servida
Y una mesa, y mi hombro
Y un lápiz, soy un lápiz
Flacuchento, soy un hueso
-
Perdonad mi sinceridad, monsieur, madame
Se precisa realidad en esta tarde de falsedad
Peerdón, no soy romántico, ni filósofo
Ni un inconformista bandolero
Soy Joseph Baeza el de los cielos y los sueños
El no-bello, caballero
Soy pelota, que en pelota, va y rebota
Con mis botas de mendiguero
-
Ahora que me conocen, me despido
Fue un placer haberlos visto, amigos míos
Suelto mis plumas, me retiro
Feliz, agradecido.
-
Merci beau-coup. Bonsoir.
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