Aléjese de la persona, cosa, situación o ente que le ha rondado en la cabeza en el último tiempo (semanas, pocos meses), caminando, en lo posible. No acepte su compañía asegurando que se encontrará bien y que llegará a su casa sano y salvo.
Una vez alejado de dicha persona, sabiendo que se fue a su casa, y, por supuesto, sin faltarle el respeto ni mucho menos, camine en dirección a su propio hogar, por más lejos que de él se encuentre.
A medida que camina cabeza agacha, y con las manos en los bolsillos, recrimínese a sí mismo todo lo que no dijo, y todo lo que no hizo, además de todo lo que dijo e hizo mal.
Apriete sus párpados fuértemente, y si es preciso liberar unas cuantas lágrimas, hágalo. Insúltese a usted mismo y golpee el poste, la baranda o cualquier objeto cercano a usted, sin llamar la atención de posibles personas que se encuentren cerca suyo.
Luego, y si sigue al pié de la letra las anteriores instrucciones, entrará en un estado de confusión total. No sentirá sus piernas, pero no se alarme, es parte del procesos, y por ende, necesario para lo que vendrá después.
Avergüénzece de usted mismo. Es primordial sentirse estúpido e inútil, y convencerse de que la otra persona siempre tuvo la razón.
NOTA: No olvide que es la otra persona la que merece la felicidad, no usted.
Ahora viene la etapa de construcción de diálogos internos. Piense en todo lo que debió haber dicho cuando no lo hizo, y construya una conversación interna, o en su defecto un simple monólogo, con todo lo que le hubiese gustado haber dicho a la persona en cuestión.
Proyecte dicho diálogo/monólogo a una situación real y posible. Concerte una reunión con la persona en donde le dirá todo lo que ensayó en su monólogo interno.
Espere el momento de la reunión. No desespere.
Genere ideas. Pregúntese qué pensará desde ahora, usted, y la otra persona en relación a usted.
Evite hablar del tema con personas externas, evite la vergüenza pública. Solo es necesaria la vergüenza hacia sí mismo, y hacia la persona en cuestión.
NOTA: Es elemental que dicha persona se entere de lo que realmente usted piensa y sienta, por ende, es fundamental que el monólogo elaborado con anticipación sea lo más consecuente con sus sentimientos y emociones, para que ella de cuenta de la total y absoluta confianza que usted siente hacia ella.
En el momento de la reunión con la persona, libere sus sentimientos, deje atrás toda represión interna y déjese llevar (es difícil, pero al menos inténtelo). Exprese su monólogo antes ensayado y espere respuesta de su interlocutor.
En este momento usted tendrá dos posibles caminos que dependen al cien por ciento de la otra persona. Sea paciente y acepte plenamente lo que ella decidirá al respecto de su problema. Y por sobre todas las cosas respétela.
Y siga queriéndola.
No hay comentarios:
Publicar un comentario