miércoles, 26 de enero de 2011

I

Encendió un cigarrillo contra el viento, como pudo, y con una mano en el bolsillo caminó cabizbaja ocultando sus ojos pequeños tras las gafas negras que había comprado en la calle un tiempo atrás, y que ahora todos tienen. Obligadamente, tratando de esquivar los tumultos de gente, miraba los puestos de artesanías compradas en la capital, revendidas al doble de su valor, y cada puesto repetía los mismos productos que el anterior, y en cada uno se agolpaban los niños buscando verse bien y mantenerse en el nivel deseado que se exige hoy. Por suerte la música en sus oídos no le permitía oír los abucheos del mar en contra de los niños, ni a los niños abucheando al mar. Pero cerca a un puesto de palomitas de maíz vio a un joven con una guitarra pintada cantando con los ojos cerrados y con un sombrero medio vacío en frente, en el suelo. Le llamó la atención y se quitó los audífonos para escuchar qué cantaba. Para su agrado era un tema que a ella le gustaba mucho, y esbozó una leve sonrisa. Se sentó en el pasto, mirándolo, y parecía que sólo estaba él y su voz, ni los abucheos, ni los niños, ni los puestos, ni los vendedores de juguetes chinos, ni los deportistas saltando en la arena, ni las gaviotas buscando peces. Empezó a recordar noches en su habitación, estando sola y pintando un cuadro con óleo, uno de los que nunca terminó, mientras esa canción le afirmaba la espalda, le sobaba los pies, y le acariciaba el pelo, silenciando las discusiones cotidianas de sus padres, en la cocina, y que terminaban con algún vaso roto, o algún portazo furioso. El muchacho se enteró de la interesada presencia de Magdalena, y se puso un poco nervioso, desafinó y no pudo seguir cantando con la misma emoción de antes. Ella se percató de aquello y abrió los ojos, y secándose una lágrima bajo las gafas miró al joven. Él sentía que algo le decían los pequeños ojos que no podía ver tras los anteojos, pero sabía que lo miraban. Terminó de cantar y ambos se quedaron mudos, inmóviles, sólo mirándose y respirando el aire que chocaba y se mezclaba entre los dos. Sintiéndose intimidado, el cantor tomó su sombrero, se guardó las pocas monedas que contenía, y caminó mirando el suelo, apurado, asustado, avergonzado. Magdalena lo siguió con la mirada, atónita, y sin entender por qué se iba tan desesperado. Recordó las frustrantes discusiones con su madre, y se vio encerrada en su pieza, recostada en su cama boca abajo, empapando la almohada de lágrimas y ahogando su llanto en el colchón, pensando en las oportunidades que ha dejado pasar hasta ahora, las decisiones que pensó pero que no tomó, por falta de fuerzas, por falta de voluntad, por falta de coraje.
Odiaba estar en su casa, en especial los días domingo, cuando su papá la despertaba apenas asomaba el sol y la vestía especialmente para ir a la misa. Detestaba encontrarse con esos lúgubres rostros contemplativos, y algunos hasta cubiertos con velos semitransparentes. No soportaba a las fanáticas señoras arrodilladas frente a una escultura de madera, sosteniendo un rosario firmemente en sus manos empuñadas, mientras murmuraban quién sabe qué con cara de lamento y humillación mirando fijo a los ojos duros, inmóviles y mudos de un Cristo de palo. La fe nunca le sirvió.
Se puso de pié y siguió lentamente al muchacho, procurando no perderlo de vista. Botó el cigarro al suelo sin haberlo terminado. Sólo quería saber su nombre. Lo siguió hasta el paradero, y a unos cuantos metros de distancia se reencontraron. Él la miró un poco incómodo, como con miedo, y ella se quitó los lentes oscuros, dando a conocer los pequeños globos que tan sólo buscaron un poco de paz en la voz del joven. De pronto un bus se detuvo frente a la parada, y el tumulto de gente se llevó al cantor. Magdalena quedó serena mirando el bus que se alejaba de sus ojos, con la esperanza de volver a ver al joven cantautor y escuchar su melancólica voz.

4 comentarios:

  1. excelente JO (: es lo tuyo, aun que se nota que lo sabes :B
    Ah xd (:

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  2. Hola!

    Te seguiré!

    Me había olvidado de este blog


    Un saludo desde la IV región!


    Javiera.

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  3. me mataste :O eres genial oh! te odio por eso, pero me caes bien :) Jo Sephhhhhhhhhhhhhhh

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  4. No tengo muchas palabras ... algunas semejanzas tiene con aquella sálida a cantar al mar .. cuando al fin te escuche cantar ... me gusto tu cuento, Felicitaciones (:

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