Sentado en el pastito al frente del colegio María Auxiliadora que tenía por nombre Perez algo, creo que estaba con Andrés y Sámuel y alguienes mases. Esperábamos a los chicos scout mientras almorzábamos fideos con salsa, sentados en el pastito, a lo indio. Empezé a recoger unas moedas abandonadas en el pastito, de rodillas, gateando como un mendigo recogiendo monedas perdidas. Justo en ese momento llegaron los superscout en un furgón y bajaron con sus atuendos bonachones y bienhechores. Caminamos para encontrarnos con ellos y saludarlos, pero tenían que retirarse. Subieron algunos al auto de don Nuñez, se fue Andrés arriba de las piernas de alguien, pues no había espacio suficiente. Sámuel iba sentado en asiento de atrás con su mochila negra en las piernas. Yo afuera mirando inocente que me dejaban con algunos chicos scout. Estaba Felipe y otros más con unos bolsos de exploradores colgados en la espalda y uno de ellos me pasó un saco de dormir que supuse debia ponerlo en mi espalda. Los vi ponerse los bolsos y marcharse, y yo quedé mirándolos con el saco de dormir en mis manos. Empezé a caminar para ir con ellos, pero pronto los perdí. Me puse el saco de dormir en mi espalda justo debajo de mi mochila y empezé a caminar por Valparaíso (porque ahora estaba en Valparaíso, no sé cómo lo sé, pero lo sé). Quería tomar la micro para mi casa, pero no sabía dónde estaba el paradero. Empezé a recordar el camino y llegué. Me detuve a esperar y me aburrí en cuanto vi a una bella dama caminar por la vereda del frente. La seguí por una galería. En la galería había un simulacro de muerte de un viejo, y yo miraba mientras corría tras la dama que ya se me había perdido. Más adelante, en el Mol, otro simulacro de un hombrecito haciéndose el lindo ante otra dama, me reí. Salí del Mol atrasado, debía irme a casa. En el camino me encontré con otra dama que quise seguir, y no sé qué pasó. En fin, salí a la Avenida Argentina (porque ahora estaba en av. Argentina, nosé cómo sé, pero lo sé), y estaba nublado, a punto de llover. Yo salí del Mol con poca ropa, en algún lugar de mi cabeza la perdí. Era el final de Av. Argentina, y había un evento elegante de gente "elegante", así que comenzé a corre, cruzé la calle, por vergüenza. Dije "iré por donde hay animales". Al frente había algo así como un muestrario de animales en cajas plásticas de esas en que se guardan cintas o blondas o hilos. Era como una "vereda-cerro", y al otro lado había un precipicio, con el mar de fondo. Corrí casi elevándome con el viento y la lluvia que empezaba a caer. Abría algunas cajas y encontraba ranas. Corría con mucho vuelo. Tanto vuelvo que en más de una ocación casi caigo por el precipicio hermoso, pero lo gré agarrarme de un poste, o de un árbol, o algo. Y corrí hasta un pequeño bosquecito donde descancé mi vejiga. Había alguien más (o álguienes mases) en ese pequeño bosuqe. Porque me ví a través de un binocular como el de James Bond cantando, y álguienes se reían silenciosamente, como en secreto, pervertídamente. Miraba y miraban mis labios cantando. Abrí los ojos todo sudoroso y sofocado a eso de las doce del día de un primero de enero de un año dos mil diez. Desde la casa de al lado se oía esa misma canción que cantaba yo, y se oían risas y chinchineos de vasos, y voces. Con la lata de una noche aburrida y para el olvido me lavé la cara.